Casi 30 cofradías se han visto obligadas a desaparecer en Cádiz a lo largo de los tiempos

Cofradías/Reportaje
Jesús en su Prendimiento del Monasterio de las Descalzas en la calle Montañés

El tiempo no las trató bien. La noche de los tiempos se cernió sobre ellas como una mortaja. En la niebla de la historia, son solo recuerdos, en algunos casos, bellas imágenes que desde sus retablos ven la vida pasar. Testigos mudos de ser concentradores de fe en otras épocas. Hoy, en estos tiempos, en los nuestros, una cofradía de penitencia se debate entre la desaparición o no. Siete Palabras lucha contra la crisis interna que amenaza con postrarla y que, en principio, debería quedar resuelta en el Cabildo de Elecciones que se celebrará el próximo mes de diciembre.

No se puede decir que corrieran la misma suerte otras corporaciones. En concreto, casi 30 hermandades han desaparecido a lo largo del devenir histórico de la ciudad. En el cómputo son las hermandades de Gloria las que engrosan en mayor número la lista. Mejor suerte han corrido las cofradías de penitencia creadas al calor de los siglos. Aunque muchas de las actuales corporaciones han sufrido decaimientos en su vida, tan solo dos desaparecieron para siempre: el Prendimiento y Expiración.

Prendimiento de Cristo y Lágrimas de San Pedro

La portentosa imagen del Señor del Prendimiento de las Descalzas no solo congregó muchas de las miradas en el Vía Crucis Diocesano de 2011. La talla era el titular de una de las cofradías 'fuertes' de Cádiz. Fue fundada en 1685 (fecha de la que datan sus primeras reglas y erección canónica) al amparo del convento de las concepcionistas. Curiosamente, sus normas establecían la obligación de la suelta de presos o facilitar el cumplimiento pascual en la cárcel al costear la comida de ese día. La hermandad salía "cualquiera de los tres días primeros días de la Semana Santa". El poderío económico de la hermandad quedó patente en su lista de enseres, muchos de los cuales se conservan en a clausura del Monasterio de la Piedad. Es el caso de la túnica bordada al estilo gaditano sobre terciopelo de Lyon o la Dolorosa de la hermandad. Es más que probable que la cofradía se extinguiera a mediados del siglo XIX, aunque años antes ya dio síntomas de languidecer de los que se recuperó.

No fue así a mediados del XIX, un periodo especialmente complicado para las cofradías. Y es que la caída del Antiguo Régimen golpeó de cerca a las cofradías que vieron que el mundo del que bebían se desmoronaba bajo sus pies. Del trance de adaptarse al cambio político (se llegaron a crear normas que impedían las cofradías gremiales) muchas salieron reforzadas y otras tantas, postradas.

Santo Cristo de la Expiración

No fue tan dilatada en el tiempo la trayectoria de la antigua cofradía de la Expiración. Fue fundada en 1654 y se extinguió a finales del mismo siglo por motivos económicos. Si bien, la salida del Prendimiento puso a la imagen en el mapa, más desconocido es para muchos el titular de esta hermandad. Concretamente, en la iglesia de San Francisco (justo en la bajada a la Cripta, en la capilla del Nazareno del Amor), una iglesia distinta en la que se creó, la por entonces ermita de San Antonio. De hecho, en su corta historia pasó por el convento de los Descalzos, el Hospital Real y finalmente el convento de San Francisco. Se trata además de una obra de gran calidad de Jacinto Pimentel, lo único que nos ha llegado pese a llegar a poseer seis blandones de plata, una Dolorosa, una Magdalena, un san Juan, dos pasos, un guión y cien túnicas.

Dos cofradías de penitencia han sido las desaparecidas en estos siglos frente a un número más elevado de hermandades de Gloria. Entre las desaparecidas se encuentran: Nuestra Señora de los Ángeles (Rosario), de San Antonio (ermita de San Antonio), Santa Bárbara (convento de la Candelaria), Nuestra Señora de Belén (capilla de la Casa Cuna), Nuestra Señora de la Bendición de Dios (capilla de la Bendición de Dios), Nuestra Señora de la Cabeza y San Francisco de Paula (convento de los descalzos), hermandad de los Calafates (San Agustín), San Cosme y San Damián (convento de las descalzas), Nuestra Señora de los Desamparados (en el Santo Ángel, hoy fundada de nuevo),el Dulce Nombre de Jesús (convento de Santo Domingo), Santa Elena (capilla de Santa Elena), Encarnación (iglesia de San Pablo), San José (Candelaria), San Lázaro (iglesia de San Juan de Dios), Nuestra Señora de la Misericordia (Santo Domingo), Cristo de la Misericordia, Purísima Concepción y San José (San Antonio), Nuestra Señora del Patrocinio (San Antonio), San Nicolás de Tolentino (San Agustín), La Pastora (en su capilla), Sagrario de Toledo (San Pablo), Nuestra Señora de la Salud (Rosario) y la cofradía del Rosario de los Negritos (en la iglesia del Rosario).

Una larga lista que pone sobre la mesa el mapa devociones de la ciudad. Muchas de las corporaciones tuvieron una vida breve, la mayor parte no tenía el carácter que se entiende hoy en día en una cofradía (algunas ni procesionaban), otras no resistieron la desamortización de Mendizábal. Cada cual tiene su historia, entre las que destacan tres nombres. Con independencia de todos aquellos titulares que hoy se conservan (como es el caso de Los Ángeles, o Patrocinio), destaca la Virgen de la Candelaria. La talla es una de las imágenes marianas más antiguas de toda la Diócesis y hoy se conserva en la capilla persona del obispo. Igualmente destacable es el caso del Sagrario de Toledo, la cofradía ha sido la última en extinguirse definitivamente. En 2010 llegó su extinción definitiva, pese a que la cofradía del Ecce-Homo intentó anexionarla sin éxito. La cofradía perdió así todos los títulos y su patrimonio pasó a manos del Obispado. Entre dicho patrimonio destaca la imagen, una talla genovesa del XVIII, y ternos bordados de gran calidad.

De cualquier forma no todos los ejemplos tienen el punto y final en la extinción. Es el caso de la cofradía de La Pastora. La salida para la exposición Pietas Populi del pasado mes de mayo ha resultado ser el acicate para que la iglesia de la Pastora recobre su vida. Agrupados en un Redil, un grupo de devotos trabaja paso a paso para su reorganización. Bien merece la pena la titular para la que se levantó el primer templo a la advocación de la Pastora, propiedad de la archicofradía que en estos momentos se encuentra postrada. De hecho, su última junta data de los años 60 y conserva parte de su esplendoroso patrimonio, como el caso de dos Simpecados o el Guión de la hermandad. En definitiva, un interesante patrimonio que espera que la llegada del patrimonio humano para desaparecer de la lista de las cofradías gaditanas que durmieron el sueño de los justos.