Jesús de Medinaceli, el origen de una devoción que encuentra referentes en todo el mundo

Reportaje/Imágenes
Numerosos gaditanos acuden al besapié de Madrid

La fe mueve montañas y los corazones de hombres y mujeres que no reniegan de la fe -por más que en los tiempos que corren hablar de religión y declararse católico pueda ser considerado de retrógrado- les convierte en protagonistas de numerosas historias que bien merecen la pena tener en cuenta para explicar la fe y la devoción cristiana.

En España existen numerosas devociones que han llegado a la categoría de universal, siendo casi todas de carácter mariano, como es el caso de la Inmaculada Concepción, la Virgen del Pilar, la Virgen del Carmen, La Virgen del Rocío o la Virgen de la Esperanza Macarena de Sevilla. Sin embargo, existe una devoción universal de carácter cristifera, de origen español y que se ha extendido por todo el mundo, sobre todo en los países de Latinoamérica. Se trata de la devoción a Jesús de Medinaceli que se venera en la capital de España, y sobre la cual se ha erigido numerosas imágenes con el fin de promover el culto al “Señor de Madrid”, entre las que podemos citar las devociones de Jesús de Medinaceli de Cádiz, de Santa Olalla, en Castilla-La Mancha,de Ocaña, en Toledo, Hellín, en Albacete o la que se venera en la iglesia del Corpus Christi de la ciudad de Miami, en Estados Unidos.

Adentrarse en la historia de Jesús de Medinaceli es recorrer el más emocionante periplo que una imagen y su devoción pueden llegar a vivir. La imagen del Cristo es barroca de la primera mitad del siglo XVII, con 1,73 metros de altura. De talla completa, puede ser presentada sin vestir. Su rostro refleja el sufrimiento y al mismo tiempo la paciencia aun sabiendo que su destino final era la cruz. Fue tallada en Sevilla, lo que explica que su iconografía es la correspondiente a los Cristos llamados "de la Sentencia". La autoría de la imagen no está clara, aunque los expertos la atribuyen al imaginero Francisco de Ocampo. Fue llevada por los HH. MM. Capuchinos a la plaza fuerte de Mámora (Marruecos), para culto de los soldados españoles. En abril de 1681, cayó la ciudad, y la imagen cae prisionera de los moros, en manos del sultán Muley Ismail, que decide enviarla a la ciudad de Mequinéz como muestra de la victoria. En Mequinéz, es arrastrada y tirada por las calles para que la gente pudiera mofarse de ella. La rescatan los Trinitarios, que se dedicaban a conseguir dinero en España para rescatar a cautivos, y decidieron que aquel Cristo era tan cautivo como el que más y le hicieron una propuesta a Muley Ismail. Darle su peso en oro. Cuenta la leyenda que la balanza se equilibró cuando exactamente se depositaron treinta monedas, realizándose varias veces la operación, siendo idéntico el resultado, por lo que de nuevo treinta monedas, las mismas que recibiera Judas para entregar a Jesús, sirvieron esta vez para salvar la venerada imagen. Debido a este episodio milagroso, se conoce a la imagen del Señor como la de Jesús del Rescate.

Llega a Madrid en el verano de 1682, con fama de milagrosa y desde entonces ha recibido culto en varios templos de la capital, hasta que en 1930 se levanta la actual basílica de estructura neoclásica, que fue elevada a Basílica Menor por el Papa Pablo VI en 1973. Despertó tanta devoción entre los madrileños, que en 1.710 se fundó la Congregación de Esclavos, siendo elevada en 1.928 a archicofradía primaria por Su Santidad Pío XI, con potestad de nombrar agrupación a cuantas asociaciones del mismo nombre y título así lo soliciten, llegando en la actualidad a contar con 42 cofradías agregadas en España.

Nuestro Padre Jesús de Medinaceli recibe culto en la Basílica que lleva su nombre. Al adentrarse se siente el calor devocional que hace saber que nos encontramos en uno de los templos hitos de la fe cristiana. No en vano, se celebran diariamente hasta un total de nueve misas, llegando hasta doce cada viernes del año. Su valor devocional le llevó a formar parte del Vía Crucis que presidió el Papa Benedicto XVI en Madrid durante la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud el 19 de agosto de2011. Popularmente conocido es el primer viernes de marzo, en el que se celebra la fiesta popular de Jesús. Es cuando tiene lugar el multitudinario besapié y donde numerosas personas aguardan colas de hasta diez horas para cumplir con la tradición de besar el pie derecho del Señor y realizar sus peticiones. Tradicionalmente asiste un miembro de la Familia Real Española para orar ante la imagen que se encuentra en sagrado besapié durante 24 horas de forma ininterrumpidas.

Los viernes son días especiales para venerarla. La Iglesia recuerda en ese día la pasión y Muerte de Cristo, y los madrileños se acercan ese día en mayor número a reconciliarse con Dios, para participar en la Eucaristía y besar el pie de la imagen del Nazareno. En la jornada del Viernes Santo, el Cristo de Medinaceli devuelve la visita a los madrileños en una emocionada e impresionante procesión a la que según fuentes oficiales acudieron en la pasada Semana Santa de 2012 en torno a 800.000 personas.

En Cádiz, la devoción al Señor nace gracias a la Familia Campe, formada por Eloísa Martín y Eladio Campe, fundadores de la cofradía de Jesús de Medinaceli de la Parroquia de Santa Cruz. Devotos de la imagen más venerada de la Semana Santa Madrileña y a la que a través de un cuadro del Señor que tenían en su propia casa y donde acudían cada viernes familiares y vecinos más cercanos, comenzó a gestarse lo que hoy se ha convertido en una de las advocaciones más veneradas de nuestra ciudad. Al cuadro se le hizo un triduo en el Convento de las Descalzas situado en la calle Montañés, el primer viernes de marzo de 1936, para dar paso a la imagen que realizara Láinez en el taller de Muebles Camper en la esquina de esta calle con Columela. Al imaginero gaditano se le proporcionaron todo tipo de fotografías y estampas para que pudiera hacer una talla lo más parecida al Jesús de Medinaceli de Madrid.

La familia Campe es la propietaria de la Imagen y por la que a través de una especie de testamento, ya que así lo dispuso Eladio Campe cuando fundó la cofradía, se establece que solo podrán ser los miembros de la misma los que vistan al Señor y que el Cristo de Medinaceli siempre tendrá que permanecer en la Parroquia de Santa Cruz, salvo causa mayor como fue la restauración del templo de Santa Cruz en 2007 y la imagen tuvo que ser trasladada para recibir culto a la iglesia de San Francisco.

La fe...el mayor poder que Dios otorgo a los cristianos, sirvió para escribir esta historia de Jesús de Medinaceli. La fe es respaldarse en algo que sabes con certeza que hará que las cosas ocurran así y por esto en Cádiz, al igual que hacen en Madrid, numerosas personas acuden cada viernes a visitar al Señor y pedir que derrame su gracia sobre los corazones de aquellos que se aferran a la fe como última esperanza para superar las dificultades. La fe, se ve atraída por lo que sentimos y creemos, depende de la actitud que tengas y cada uno es libre de decidir si tener o no tener fe. En el caso de Jesús de Medinaceli, la fe se convirtió en el arma más poderosa para hacer de la devoción al Señor, la leyenda de Jesús del Rescate. Prisionero y rescatado, humillado y venerado, cien veces copiado y nunca logrado.