El origen de los desfiles procesionales de la Semana Santa

Cofradías/Reportaje
La Virgen de la Soledad

Hablaba en mi anterior artículo del gran creador de la Semana Santa que conocemos en nuestros días, Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Sin embargo, dejando a un lado lo estético y haciendo hincapié en lo espiritual, hoy nos adentraremos en los orígenes de la celebración de los desfiles procesionales propios de nuestra Semana Santa. La celebración de las procesiones públicas, podríamos citarlas en más lejana antigüedad y las sagradas escrituras exponen como ejemplos de las mismas, la vuelta de Josué alrededor de las murallas de Jericó y aquélla en que David danzó delante del Arca. 

La Semana Santa tradicional está compuesta por dos grandes categorías rituales: las escenificaciones y las procesiones. Aunque ambas categorías no son excluyentes y se combinan en algunos lugares y ceremonias, ambos tipos de rituales arrancan de la Baja Edad Media. Se tiene constancia que desde el siglo XIII se generalizó por la totalidad de la Península Ibérica, la realización de escenificaciones teatrales durante las jornadas del Jueves y Viernes Santo, considerada como una forma de representar los textos evangélicos. La finalidad era didáctica y se trataba de realizar una catequesis que pudiera ser comprendida por los habitantes de pueblos y ciudades humildes. El contenido de estas escenificaciones y sucesos bíblicos cumplía una función ilustrativa. La temática de estas representaciones versaban sobre el lavatorio de los pies de los apóstoles, el camino hacia el Calvario, la crucifixión, la guarda del sepulcro por los soldados romanos o incluso la creación del mundo y la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. El rey Alfonso X de Castilla fue el gran valedor realización de estas representaciones alegando sus motivos en “que estimulen a obrar bien, muevan a devoción y recuerden la memoria del pasado”. El objetivo era sustituir los juegos burlescos que se hacían en el interior de las iglesias, y que eran considerados demasiado profanos e irreverentes por representaciones didácticas más adecuadas, que se basaran en los textos bíblicos.

A lo largo de los años la representación teatral experimentó una evolución desde escenificaciones a las procesiones penitenciales que conocemos hoy en día, sobre todo, tras los dictados del Concilio de Trento y de la Contrarreforma. A partir de entonces comenzaron a surgir los pasos escultóricos, escenas de la pasión compuestas por imágenes talladas en madera que eran transportadas en las procesiones por los fieles. Los pasos escultóricos suponían una alternativa a los pasos vivientes de las escenificaciones, impulsados por la autoridad eclesiástica con el fin de eliminar las representaciones a lo vivo.

El Concilio de Trento, que se celebró entre 1545 y 1563, recomienda la estación pública, exponiendo la necesidad y ventajas que se derivan del culto a las imágenes, para que todo aquel que por su voluntad no entrase en la iglesia, al encontrarse con ellas en la calle tuviese presente el misterio de la Pasión de Cristo. Es indudable que el Concilio despertó en el pueblo una gran oleada de fervor religioso influyendo sus doctrinas en las cofradías, imágenes y desfiles procesionales. Las cofradías crecieron en importancia. A partir de estas fechas es cuando las hermandades comienzan a proliferar en ciudades y pueblos de Andalucía, siendo los gremios los principales impulsores de la fundación de estas asociaciones de fieles.

El origen de la creación de las hermandades está ligado a casas de beneficencia y hospitales. Sus primeras estaciones de penitencia las realizaban sin pasos ni imágenes. Fueron las cofradías bajo el nombre de la Vera-Cruz, auspiciadas por los franciscanos, junto a las de la Virgen de la Soledad o de la Angustias, las primeras que, bajo esas advocaciones, dieron origen a la Semana Santa. Especialmente en Andalucía son las de Jesús Nazareno las que concentran una mayor devoción y arraigo popular partiendo de la base de que el pueblo se identifica de una forma más próxima con ese Dios sufriente y caminante.

La Semana Santa, concebida por algunos como obra culmen de la ingeniería sentimental y de la que se tiene constancia que sus cimientos se establecieron hace ocho siglos, es uno de esos temas cuyo tratamiento puede ayudarnos especialmente a comprender nuestra historia y raíces culturales, contemplando sus formas, funciones y significados, y que también seamos capaces de interpretar su rico lenguaje simbólico.