La Semana Santa según Rodríguez Ojeda: el palio de la Palma

Cofradías/Reportaje
La Virgen de las Penas

Juan Manuel Rodríguez Ojeda, considerado el Miguel Ángel del bordado, fue lo que López Farfán para la música o Castillo Lastrucci para la imaginería. Contribuyó con sus obras a configurar la nueva imagen de la Semana Santa, provocando el cambio estético que se produjo en las cofradías allá por los primeros años del siglo XX. Sus innovaciones dieron lugar a configurar el patrón de la gran fiesta del sur en cuanto a la forma de vestir a una Virgen, diferenciar una cofradía de otra con respecto a su hábito procesional y confeccionar un paso de palio.

Podríamos escribir ríos de tinta sobre este Señor. La Semana Santa que conocemos hoy en día se la debemos a Rodríguez Ojeda, quien cambió el concepto de la Semana Santa en Sevilla, y en consecuencia de Andalucía. Dejando atrás la línea antigua de vestir a las imágenes, de su mano salió el modelo definitivo de Semana Santa y con ello supo darle a cada cofradía su impronta. Fue clásico cuando tuvo que serlo y austero cuando lo exigía el guion. Podríamos dividir su obra en tres etapas. La primera en sus inicios, de corte tradicional hasta 1900, la segunda ya en su madurez y hasta el año 1917 más innovadora, ligada al regionalismo y costumbrismo. Una tercera y última etapa llevan a una mayor concentración de bordados en superficies de mantos y palios.

Como gran innovador de la estética cofrade, supo introducir los colores vivos en los terciopelos sobre los que daba puntadas al reluciente e indestructible oro. En un ambiente cofradiero presidido por la austeridad y el pesimismo se atrevió e impuso su carácter sin miedo al qué dirán a plasmar su percepción sobre la Madre de Dios. Su labor revolucionaria de la estética de la Semana Santa tiene su mayor impronta en la Hermandad de la Macarena, donde fue  mayordomo, el prioste-vestidor y el diseñador de enseres. Gracias a sus creaciones estableció lo que es conocido hoy en día como el “modelo macareno”, sirviendo como canon de gran parte de los palios y mantos que visten a las dolorosas de la Semana Santa de Andalucía.

A Rodríguez Ojeda se le atribuye la vestimenta de hebrea de las Vírgenes. Fue la dolorosa de la Hiniesta de Sevilla la primera imagen en lucir dicho atuendo, siendo tan solo con una saya burdeos, un trozo de tela azul como manto y usando los papeles de los diseños de sus bordados como rostrillo para la imagen. Sin ser su propósito, creó un estilo que hoy en día se practica en todas las dolorosas.

Entre otros aspectos a destacar de su producción y que volvió a conseguir marcar un antes y un después en la forma de concebir la Semana Santa se encuentra la revolución de los cortejos procesionales. Fue quien diseñó las túnicas de capa que conocemos hoy en día. Consiguió de esta forma realizar una distinción en cuanto a los hábitos de los nazarenos de negro, de cofradías austeras y los hábitos de nazarenos de cofradías más airosas y de barrio.

Con respecto a la concepción del paso de palio, fue Rodríguez Ojeda quien marca el canon establecido para la Semana Santa. Sus manos confeccionaron la visión clásica de lo que debe ser un paso de palio y a su vez dio ese punto revolucionario en su entero conjunto. Rompiendo las líneas costumbristas de la concepción de los palios de cajón. Una de su más sonada innovación fue la de ser capaz de introducir la malla como material para los bordados. Además de sus dotes de buen diseñador y bordador su repercusión llego a tanto ya que supo aprovechar como recurso su apuesta por una nueva Semana Santa en una hermandad referente de Sevilla como la Macarena. Sus novedosos diseños, basados en el arte popular y añadiéndole diferentes temas decorativos renacentistas y barrocos, consiguen un sello personal reconocible y que lo distingue del resto de bordadores de la "Edad de Oro" de la estética cofrade. En ese sentido, la ciudad de Sevilla es un paraíso juanmanuelino, donde rara es la hermandad que no cuenta con bordados y diseños de Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Caprichos del destino quisieron que parte del legado de este afamado bordador lleguen a nuestra ciudad y en Cádiz contemos con una de las obras cumbres y referentes del bordado cofrade en cuanto a pasos de palio se refiere.

Hablamos del paso de palio de la Virgen de las Penas de la Palma adquirido por la corporación viñera en septiembre de 1962 a la Hermandad de los Negritos de Sevilla para la salida procesional de 1963 y que la cofradía retocó en los talleres de Piedad Muñoz de la localidad de Albaida del Aljarafe. Llegaron a Cádiz noticias de la venta de un paso de palio en el cual podría estar interesado la Hermandad de la Buena Muerte, pero su color azul y el oro bordado fue considerado como poco recomendable para una hermandad austera y de silencio como la corporación de San Agustín. La noticia llego a oídos de Ángel Gutiérrez de la Mora, por entonces mayordomo de la Palma, y rápidamente se fue a Sevilla para adquirir una de las obras que dio realce al bordado conocido hasta la fecha y que precisamente este año 2013 cumple 50 años procesionando por nuestras calles. Gutiérrez de la Mora, que mantenía fluida amistad con la Hermandad de la Amargura de Jerez a través de la cual estaba muy al corriente de los movimientos de cambios de enseres en las Hermandades de Sevilla, se atrevió a traerse un palio desde Sevilla y negoció directamente con la Hermandad de los Negritos, en una de las páginas más conocidas y recordadas de la historia de la Semana Santa de Cádiz.

Elaborado en 1915 para la Virgen de los Ángeles, bordado en terciopelo azul, de original silueta y con sinuosas líneas en su parte superior, donde el bordador introduce también la malla con motivos de hojas de acanto y caracoles tanto en su techo como en sus caídas interiores y exteriores. Se trata de una obra con el sello inconfundible de Juan Manuel, calado en el centro de cada paño de las bambalinas que sobresalen o rebosan del plano del techo y rematan en conchas. Arquetipo de palio sevillano, pieza clave por lo novedoso e influyente para creaciones futuras, y que combina en las caídas del palio la malla y el terciopelo. Sintetiza lo mejor de su característica obra. Los flecos y las borlas están elaborados en madroños de madera forrada con hilos de oro. Su valor artístico le llevó a participar en la exposición “Pietas Populi. La Pasión según Cádiz”, que tuvo lugar en la Parroquia de Santa Cruz dentro de los actos programados por el Consejo de Hermandades con motivo del Bicentenario de la Constitución de 1812.

En la actualidad, el paso de palio sigue sorprendiendo en la ciudad en la que se concibió y entre los cofrades de la hermandad de los Negritos hay quienes aún se preguntan en que estarían pensando los que en aquellos años gobernaban a la hermandad sevillana para dejar escapar una de las piezas maestras del bordado cofrade, demostrando una vez más que casi siempre los cambios no suelen ser a mejor por parte de las hermandades.

Como reseña histórica, debemos comentar que curiosamente ocho años antes, en 1907, Rodríguez Ojeda diseña el soberbio palio rojo de la Esperanza Macarena y que supuso la consagración de un estilo convirtiéndose rápidamente en “el canon de los pasos de palio”, por lo que no sería una locura afirmar que el paso de palio de la Virgen de las Penas, tras ser uno de los primeros en salir del taller bajo las directrices de ese canon, es un referente en cuanto a lo concepción histórica de los pasos de palio en la Semana Santa y del que tenemos la suerte de disfrutar cada Lunes Santo en nuestra ciudad.

He aquí el hombre, Juan Manuel Rodríguez Ojeda, el genio de la magia del bordado, quien marco una tendencia que en nuestros días aún se conserva y en el que se inspiraron y se inspiran muchos de los trabajos de bordados que salen de los talleres de Andalucía. Por suerte para los gaditanos una parte de su inmejorable obra artística se encuentra en Cádiz haciendo aún más grande y valioso el patrimonio las hermandades y cofradías de nuestra ciudad.