Ramón Blanco, un cadista de diez

Ocio/Cádiz Club de Fútbol
El técnico fallecido hace hoy una semana

El cadismo está triste. Tiene muchísimos motivos para estarlo, pero en los últimos días un revés inesperado del destino, uno más, le ha recordado que cualquier disgusto deportivo está muy por debajo de las desgracias personales. Con la pérdida de Ramón Blanco, el Olimpo Cadista del cielo empieza a estar más concurrido de lo que a todos nos gustaría. Seguramente esté sentado cerca de otra leyenda, Manuel de Irigoyen, el mismo que tuvo la valentía de apostar por él como entrenador del primer equipo sin tener carnet y que luego no quiso renovarle tras una épica salvación. Quizás hayan hablado de eso.

Ramón Blanco se ha ido demasiado pronto y, con él, se esfuma en gran parte ese espíritu de un equipo superviviente por naturaleza y acostumbrado a sobreponerse a todo. Se ha marchado, por encima de todo, una buena persona, honesta e íntegra como quedan pocas en los diferentes gremios en los que ha estado. Pero también se marcha un apasionado del fútbol, seguramente del fútbol de otra época, del fútbol romántico, sentimental en el las tácticas no eran tan importantes. Los que seguimos aquí nos quedaremos para siempre con sus preguntas (que no eran tales) interminables para abrir fuego en la ruedas de prensa, con sus batallitas de cuando él entrenaba, con sus conducciones temerarias, y con sus ‘media puntitas’ y sus ‘zurditos’. Nos ha dejado un cadista, uno de los de verdad, de los que no pudo despegarse de la ciudad y del club en cuanto que pasó aquí dos minutos, en definitiva, un cadista de diez. Diez personas, de las muchas que han pasado estos días por los diferentes medios de comunicación, y diez momentos, nos recuerdan la trayectoria deportiva de un mito del cadismo.

DIEZ AMIGOS DE RAMÓN BLANCO

 

-          Seguramente una de las personas más cercanas al ex entrenador del Cádiz era Paco Baena, el cual conoció todos los aspectos de Ramón, desde el vestuario hasta una amistad inquebrantable. Para Baena “lo que ha sido Ramón Blanco supera cualquier calificativo”. El lazo que les unía era muy fuerte, tanto que afirma que “para mí es como si se me hubiera ido un hermano”.  Baena recuerda con cariño cómo estuvieron disfrutando juntos hasta el último día: “lo que más le gustaba era su chorizo criollo, en todas las reuniones siempre había”.

 

-          Antes de ser primer entrenador, Ramón Blanco se sentó en el banquillo como segundo de David Vidal. El entrenador gallego reconoce que “a mí me ayudó mucho, hacía una labor importantísima, él era muy cercano a los jugadores, yo tengo un carácter más hostil y menos cercano”. Vidal, tan elocuente como siempre, resume el carácter del que fue su pupilo en los banquillos: “jamás tuve una pequeña pelea ni nada con él, y yo me he peleado con casi todo el mundo”.  “Fue una persona que lo dio todo por el club que amaba”.  En cuanto a su última etapa como entrenador del Cádiz, lo tiene claro, “él fue valiente, no fue un cobarde y lo intentó”.

 

-          Si hay un jugador que le estará agradecido eternamente a Ramón Blanco, ese es sin duda Kiko Narváez. El jerezano recuerda que conoció a Ramón con 14 años y rápidamente le aconsejó, “nos dijo a Mateos y a mí que si íbamos por derecho y éramos inteligentes podríamos comer del fútbol”. “A los cinco años él subió al primer equipo y me subió con él. Decían que era el hijo de Ramón y le estaré agradecido toda la vida porque ha sido mi padre futbolístico”. Kiko desvela que “le decíamos con cariño ‘el bigote’, ‘el mostacho’, ‘el Pancho Villa’, tenía carácter pero al final era todo bondad, cedía y le dábamos coba”. Y también reconoce que Ramón les tuvo que aguantar muchas cosas: “con la guasa que teníamos, y tenemos, nos supo capear”. El ex delantero cadista desvela que siempre le dijo que “si le era fiel y leal al fútbol, el fútbol sería agradecido conmigo. Me decía que me dejara de tonterías y que estuviera centrado”. Y como recompensa a su esfuerzo, recuerda que un día le puso de titular con un "hala, largo, ahí tienes tu premio por haber sabido amar al fútbol".

 

-          Otro de los ojitos derechos de Ramón Blanco era Moisés Arteaga. El exquisito extremo cadista rememora sus inicios como futbolista: “hemos vivido muchas cosas que recuerdo con mucho cariño, sobre todo de la época no profesional, disfrutábamos mucho”. Arteaga tiene claro cuál era la receta del éxito de aquella época: “Ramón nos daba lo que nos hacía falta, salíamos al campo a disfrutar, lo pasábamos muy bien dentro y fuera del terreno de juego”.

 

-          La terna de futbolistas canteranos de primer nivel que acabaron siendo traspasados en aquella etapa la completa José María ‘Mami’ Quevedo, el cual define a Ramón como “un hombre de fútbol, involucrado con su profesión, quizás más de la cuenta”. “David Vidal fue quien me sacó, pero él me mantuvo y apostó por mí”. Quevedo retiene en su memoria recuerdos imborrables, “cuando acabó el partido frente al Barcelona, en el que marqué dos goles, me cogió y me empezó a decir barbaridades”.  El mediático centrocampista gaditano no quiere olvidar “la leyenda de su camiseta rosa, él decía que con ella no perdíamos y nosotros le animábamos a ponérsela”.

 

-          Una de las personas que ha compartido momentos en casi todos los ámbitos con Ramón es Hugo Vaca. El actual contertulio de la televisión municipal tiene claro que “hay que intentar contagiarse de ese coraje, de esa fuerza de voluntad que él tenía para salir de situaciones comprometidas”. El argentino resume la pérdida en una frase “se ha ido un cadista mil por mil”. Recuerda con nostalgia que “algunas veces nos metíamos con él, porque el había nacido en Galicia y se había criado en Buenos Aires pero decía que se sentía gaditano”.

 

-          José González tuvo a Ramón Blanco como entrenador y, años después, se lo encontró en una silla frente a él haciéndole preguntas, en su faceta de informador. El gaditano afirma con rotundidad que Ramón era un amigo de los de verdad, “por eso deja a tantos amigos aquí, en el fútbol se generan compañeros pero amigos es más difícil”. González también destaca que “tenía orgullo, competía con vena sudamericana”. Como anécdota, cuenta que en un partido en el Vicente Calderón, Ramón le mandó marcar al hombre a Schuster por todo el campo: “le dije que no me pidiera goles, pero que al alemán lo aburriría. Y así sucedió, fue el partido más aburrido de mi vida, pero empatamos a cero. Ni jugué yo, ni jugó Schuster”. Por último desvela que “en el vestuario le llamábamos Charles Bronson, por el bigote”.

 

-          José Manuel Barla tuvo a Ramón como segundo y, luego, como primer entrenador, en la época en Primera del Cádiz. También le entrenó cuando volvió del Rayo Vallecano en la temporada 97-98: “siempre fue muy exigente consigo mismo y también con la gente que le rodeaba, pero al mismo tiempo siempre se ponía en la piel del futbolista y era muy cercano, te daba confianza y todo eso te ayudaba a rendir más”. Barla está convencido de que el tiempo pone a cada uno en su lugar: “hoy en día se está demostrando que el trabajo del entrenador es clave para sacarle rendimiento a un equipo y para nosotros era importantísima la labor de Ramón”.

 

-          Ángel Oliva es de los pocos jugadores no gaditanos de la etapa de Ramón Blanco como entrenador, pero se integró a la perfección para llegar a vivir “momentos importantes de la historia del Cádiz y, por supuesto, de nuestras vidas”. Tiene claro que “Ramón no tuvo la suerte que tuvieron otros para seguir triunfando en el mundo del fútbol, aunque en la vida sí que triunfó”. Oliva cuenta que cuando salían a entrenar él parecía que estaba enfadado por su gesto serio y Ramón le decía: “cámbieme esa cara Oliva, cómo va a trabajar así”, y entonces iba hacia él “y ya empezábamos a hablar y me animaba”.

 

-          ‘Chico’ Linares es otro de los que coincidió con Ramón en todas las facetas: “hemos vivido muchos momentos juntos, como jugador fue compañero mío, luego fue mi entrenador y también en la televisión”.  Linares destaca que “era un futbolista con carácter, con pronto, pero todo se quedaba en el campo, como persona nunca tuvo un mal gesto con nadie”.

 

 

DIEZ MOMENTOS FUTBOLÍSTICOS DE RAMÓN BLANCO

 

-          1976. En verano de ese año, Ramón Blanco llega al Cádiz C.F. procedente del Betis. Su idilio con la ciudad y con el club ya sería para siempre. Aquel mediocentro polivalente debutó en la segunda jornada de liga, en Riazor ante el Deportivo de la Coruña. De la mano de Enrique Mateos como entrenador, Ramón fue pieza clave en aquel equipo.

 

-          05/06/1977. Después de una gran temporada, el Cádiz se juega ascender a Primera División por primera vez en su historia. Depende de sí mismo, juega en Carranza contra el Tarrasa y si gana subirá de categoría. Los amarillos no iban a fallar, derrotaron a los catalanes por 2-0, con tantos de Villalba y Ortega. Ramón Blanco fue partícipe del ascenso, en aquel partido entró en la segunda mitad, sustituyendo al autor del primer gol.

 

-          14/04/1991. Después de su periplo como entrenador de las categorías inferiores del Cádiz, a Ramón Blanco le llega la oportunidad como técnico del primer equipo. Después de la destitución encubierta de Héctor ‘el bambino’ Veira a falta de 9 jornadas para el final, Manuel Irigoyen decide confiar en un hombre de la casa. Ramón acepta hacerse cargo de un equipo casi desahuciado y confía en el milagro de la permanencia. Por aquel entonces Ramón aún ni siquiera contaba con el título de entrenador nacional, por lo que el preparador físico del equipo, Lorenzo Buenaventura, figuraba como primer técnico. El debut, con derrota por 2-3 frente al Athletic de Bilbao en Carranza no fue el ideal, nada hacía indicar que se estaba empezando a gestar un final histórico de la temporada.

 

-          11/05/1991. El Barcelona, con la liga en el bolsillo, venía a Carranza con la intención de cantar el alirón. Botellas de cava esperaban en el vestuario para ser descorchadas cuando los chicos de Johan Cruyff, el dream team, ganaran al Cádiz. Pero eso nunca sucedió. Los amarillos tiraron de casta y regalaron a los cadistas una de las tardes más gloriosas que se recuerdan por estos lares. Los goles de Pepe Mejías, Dertycia y Quevedo en dos ocasiones, completaron el 4-0, insólito para los cadistas y humillante para los blaugranas. Curiosamente, aquella fue la primera victoria del Cádiz de Ramón Blanco.

 

-          09/06/1991. El sino del Cádiz siempre ha sido el sufrimiento, y esta temporada se llevaría al máximo exponente. Los amarillos llegaban a la última jornada sin depender de sí mismos, tenían que esperar una derrota del Castellón y conseguir la victoria en su partido frente al Zaragoza para huir del descenso directo y alcanzar los puestos de promoción. Con la derrota de los castellonenses en Oviedo siendo casi un hecho, a los amarillos sólo les quedaba ganar para conseguir su objetivo. Todo se complicó mediada la segunda mitad con el tanto de ‘Paquete’ Higuera para los maños. Pocos minutos antes Ramón Blanco había decidido encomendar su futuro, y el del Cádiz, a un muchacho desgarbado de 19 años, a su ojito derecho, a Kiko Narváez. El órdago le salió bien al míster, en los últimos diez minutos de partido, Kiko provocó un penalti, que marcó Dertycia, y anotó el gol que le daba la vuelta al encuentro. La locura invadió Carranza, y eso que todavía no se había conseguido la salvación…

 

-          19/06/1991. La promoción emparejó al Cádiz con el Málaga. Los gaditanos se vieron sorprendidos en el partido de ida en La Rosaleda y cayeron 1-0. De nuevo, tocaba sufrir hasta el final y tirar de épica. Ramón comenzó a forjar la leyenda de su famosa camiseta rosa. Fue un partido duro y brusco, que se saldó con dos expulsados por el Cádiz (Quevedo y Barla) y uno por el Málaga (Añón). Con el hándicap de jugar casi todo el encuentro en inferioridad numérica, los amarillos tuvieron que hacer un esfuerzo físico tremendo para mantenerse vivo en el partido. José González anotó el gol que igualaba la eliminatoria y que hizo creer al cadismo. El marcador no se movió más y, tras la prórroga, se llegó a los penaltis. Tras dos tandas casi interminables, en las que el tiempo parecía detenerse, llegaron los momentos decisivos: el acierto de Juan José, convirtiendo su lanzamiento, y la parada de Szendrei a tiro de Emilio, dejaron al Cádiz milagrosamente en Primera y a los aficionados con la sensación de haber vivido un episodio histórico del cadismo.

 

-          14/06/1992. Tras una temporada con altibajos, el Cádiz vuelve a eludir el descenso directo y se ve abocado a disputar la promoción. En esta ocasión el rival es el Figueras. A pesar del buen fútbol de los catalanes, el Cádiz logra imponerse por 2-0, con tantos de Tilico y Fali Benítez, y encarrilar la eliminatoria. La camiseta rosa volvía a surtir efecto. En el partido de vuelta, el oficio de los cadistas fue suficiente para conseguir un cómodo 1-1, con gol de Quevedo, y certificar la permanencia. Después de aquella temporada, Irigoyen decidió no renovar a Ramón Blanco como entrenador y el resultado ya se conoce…

 

-          20/04/1997. Ramón Blanco regresa al banquillo del Cádiz. En esta ocasión las circunstancias son bien diferentes, el club se encuentra casi atrapado en Segunda B y Antonio Muñoz recurre al entrenador milagro para sustituir a Juan Carlos Álvarez. El inicio de la temporada no fue bueno y las posibilidades cadistas de engancharse a la pelea por disputar la liguilla de ascenso pasaban por ganar en Carranza al Real Jaén. Rubinos Pérez, uno de esos colegiados que quedarán en la historia más negra del cadismo, decidió erigirse en triste protagonista aquella tarde, inventándose un penalti que privó al Cádiz de la victoria y de sus opciones de ascenso. Ramón Blanco montó en cólera ante lo que era un robo en toda regla.

 

-          14/06/1998. Esta vez, con Ramón Blanco desde el inicio de la temporada, el Cádiz si consigue realizar una meritoria campaña y meterse en liguilla. A destacar un lunar que, quizás, pudo cambiar el curso de la historia: con la clasificación para la liguilla conseguida el Cádiz decide echar una mano al Écija (que se juega el descenso) y pierde en Carranza en el último partido de liga. Los amarillos ceden la segunda plaza y finalizan terceros. El sorteo no perdona esa circunstancia y se ceba con los amarillos: los filiales del Madrid y del Barcelona, y la Cultural Leonesa serán los rivales. En la cuarta jornada de aquella liguilla, el Cádiz se enfrenta al Real Madrid B en el Bernabéu. El cadismo se moviliza de manera espectacular, miles de personas tiñen de amarillo el coliseo blanco. Seguramente estuviéramos ante el resurgir del cadismo en masa. A pesar de ello el Cádiz cae derrotado y se despide de sus opciones de ascenso.

 

-          25/11/2012. Ramón Blanco se hace cargo por última vez del Cádiz. Tras la destitución de Alberto Monteagudo, el manager general del club, Alessandro Gaucci, decide darle el timón del primer equipo por su conocimiento de la plantilla (al cubrir diariamente los entrenamientos para la televisión municipal). El experimento no sale bien y Ramón sólo aguanta tres partidos al frente, en los que acumula tres derrotas. Sin duda, nunca debió aceptar el puesto, pero su cadismo le pudo al sentido común.